LA SOCIEDAD YA NO HUELE A BASURA
- Alejandro Martínez J.

- 6 nov 2022
- 2 Min. de lectura
Serían algo así como las horas donde las tabletas flojas de los pisos ofenden con agua a la uña que envuelve el zapato. Donde los árboles huelen a los miaos que no se aguantan de madrugada. Cuando el viento rasca con cepillos de hielo.
Allí, justo allí, con la correa de tiritas de colores a blanco y negro, desde el pasto que embetuna el progreso del andén y con el pelo sediento de acondicionador, la perra saca a pasear al humano. Alguien le huele el culo.
- Está muy lindo ¿qué raza es? –dijo.
- No es de raza, es de diversidad étnica.
- Ay, pero está precioso –dijo mientras se acercó a rascarle la barba untada de Colgate.
- ¡No lo consienta! –gruñe y ladra– ¿No ve que se acaba de cagar en agua?
- ¿Adentro? –pregunta mientras mete la cola–
- Imagínese, era el agua donde íbamos a tomar y de la que iban a beber unos tíos que vienen ahorita.
- ¡Mucho verriondo! Al mío le gusta revolcarse en jabón. Resulta que cuando lo bañamos con mortecino o caca aromatizada de gato, el muy campante sale y se revuelca en perfume. ¡Le quitamos el celular una semana y nada que aprende!
- Son terribles. Menos mal a este lo mandamos a esterilizar; se les ahoga lo destructivos. Este ya estaba empezando a tender la cama.
- Tan tierno… El humano de mi abuelo murió hace poco. Le pusieron la inyección. Estaba muy enfermito, ya no hablaba, cuando lo sacaban a la calle no hablaba con nadie y fumaba toda la noche...
Recordó cuando su humano le sacaba las pulgas y en vez de comérselas las aplastaba con las uñas, la interrumpió el ladrido.
- No quiero imaginarme cuando a este ya le toque... Bueno, mejor me voy porque lo llevo a consulta interna. Se huelen el culo. Mientras camina y hala al humano para que no se detenga a leer los anuncios de vallas con garabatos indescifrables que contaminan cada vista con árboles, huele como la sociedad sigue untándose las almohadillas con grasa de comida empaquetada de conservantes y sabores artificiales. -- Dizque “sabor a pollo a la brasa” –¡a mí tíreme un pedazo de hueso!– Ya nadie sale a comer de las bolsas de basura, ya nadie persigue a los chulos que debaten de aromas y disfrutan las aguas del caño esperando por ahuyama con moho, que flota. Ya nadie corretea a esos gatos extranjeros que solo vinieron a robar y a cazar mirlas y copetones y caricias. Piensa, mueve su hocico con el tiempo zarandea el rabo y le amarra los zapatos a su humano antes de que la libertad, se la diera en un pedacito.








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