SISEÓ EL DRAGÓN A TIERRA DE BÍPEDO
- Alejandro Martínez J.

- 6 nov 2022
- 1 Min. de lectura

La penumbra, que arrienda la cotidianidad del medio día avanza como humo en calles solteras bosteza urbanidad, su baho, limita parques esteparios, levanta hospitales embargados por microorganismos, y se tapona las alcantarillas con hojas de impermeable aluminio. Promovió y dejó construido puentes peatonales con escaleras eléctricas para los vigorosos, pero se dejó gradas de barro y rocas con musgo para el discapacitado. Hay una estatua para sustentar los recibos. De sus nubes, se recorren los recuerdos de los humedales donde ahora habita el dragón Caterpillar,
cuentan,
que hizo un nido con cemento y ramitas de hierro, que lo acolchó a punta de alambre, que alimentó sus crías con hormigón y afuera de la madriguera levantó unas columnas resplandecientes donde encendió sus luces y que solo si se escala hasta la punta, se oye una iglesia abarrotada de cánticos a excusas. Siseó al oído: bípedos, ¡Están malditos de sugestión!
Sí
a través de sus alas se aparece la realidad; se reflejan en sus mascotas obesas damnificadas por teléfonos con datos, y en los charcos de los orgasmos cuando lavan sus carros, sucios de bancos. Se ven tan, trans pa ren tes.
En los barrios se rumora que el agua cae en las tien
das con forma de botella o con lágrimas saborizadas, salubridad con tapa agujerada, dedo chupeteado y la mayonesa para los chichones.







Comentarios