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CARA DE GRINGO

  • Foto del escritor: Alejandro Martínez J.
    Alejandro Martínez J.
  • 20 feb 2017
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 21 ene 2019

Buffunk

En esta calle guatemalteca, desierta de gobiernos,

el calor del día depreda los deseos de saber qué es una primavera,

luego, el frío lava los platos en la noche.


Hay barros y espinillas en el planeta.

Atitlán tiene 3 volcanes grotescos.

¡Tierra adolescente!


Por aquí caminan:

locales,

extranjeros,

gatos,

y borrachos.


Este suelo de tz'utujiles sí sabe de zapatería.

Como doñas saben redondear masa para tortillas de maíz,

como niñitos saben hablar Quiché.

Y entre conversaciones audibles pero enigmáticas, se burlan del gringo.

Este les sonríe; es un perro que menea la cola cuando le dicen “feo”.


Allá viene un “tuck tuck”.

En su techo, el pasajero puede distinguir alguna virgen, que dicen, es santa.

¿Mecánica divina? O ¿cajera de pasajes?


La virgen del “tuck tuck” cobra la fe en Quetzales

5 al local

18 al forastero

30 al extranjero, o al presumido.

Mi tarifa eran 40 quetzales

por foráneo,

por presumido,

y además por altanero.


No importa.


Camino.


Camino, y quiero comer.


El aguacate, al igual que el “tuck tuck”, tenía precios que variaban según la tonalidad de piel del rostro.


Mi cara era lejana, era extraña,

-“Esa barba la he visto en billetes” decía la doña.


Cara de dólar, bolsillo de peso.

Pero en verdad era cara de “fondos insuficientes”.


Me decidí por frituras empaquetadas. ¡Maldito turismo!

Un premio…

…“vuelve a intentarlo”


Yo intento.

Viajo.

Intento.


Conozco caminos por Guatemala.


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