LA MUERTE ES UN NIÑO, UN NIÑO TRAVIESO
- Alejandro Martínez J.

- 26 ago 2016
- 2 Min. de lectura
Buffunk
Inspirado en Alberto Jaramillo Giraldo (Q.E.P.D)
Acostado,
sin pensar en autos voladores,
esperaba, sin sentirse vivo o muerto, la guadaña del destino;
arma del centinela de la vida
dealer de este juego de póker con 365 barajas
depredador de depredadores.
Entre tus garfios y colmillos
quedó escurriendo sangre con excesos de alcohol.
En el laberinto de tus fosas y de tus fauces,
se perdió su aire tóxico – más nicotina que pulmones –
Tus ojos no atinaron a los suyos.
Sus ojos rechazaron tu mirada de basilisco,
o esta, no pudo penetrar sus murallas con cataratas
que no permitían divisar ni el arco
ni el iris.
Muerte, me engañaste.
No te quedaste ganosa…
saciaste tu sed de dolor.
Cumpliste tu cuota diaria de soledad
pero no te fijaste, cuán solos ya estamos
en este mundo, donde la compañía legítima, solo proviene de seres que vagabundean las calles e irrumpen bolsas de basura,
víctimas de nuestro egoísmo,
buscan comida para ahuyentarte.
Muy bien muerte, cumpliste a cabalidad con tu empresa:
cerraste otra fábrica de desechos y rastrojos,
que en mejores épocas,
aporto su legado para traer al mundo nueve personas
que hoy lloran esta liquidación,
dejándolos remunerados de agonía
y postulándose a tener recuerdos más gratos.
A veces me pregunto,
¡oh tan anhelada muerte!
por qué, entre otras cosas, tengo hormigueros de dudas.
Mas esta en particular me llega como esa efímera imagen que queda en la retina de quien sube en un ascensor
y las puertas de este se abren piso a piso, cortando a la mitad Incógnita y sorpresa.
¿Por qué no adelantaste esta visita?
O
¿por qué no la aplazaste?
O
¿sencillamente su nombre se sumó un día a esa larga lista impetuosa
de luces que se deben extinguir?
¿Eres un niño que juega a encender y apagar interruptores a escondidas de su madre?
¡Responde!
¿Es ella quien te ordena que debes apagarnos
porque llega muy costoso el recibo de la luz?
No lo dudo.
El costo del nivel de vida
es alto hasta para ti, mismísima muerte.
Y esta ciudad ya tiene muchas luces.
Todos sabemos que hay que apagarlas,
Pero,
infortunadamente,
nadie quiere o todos temen
quedarse a oscuras.







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